Conversaba con el director de recursos humanos de una organización, sobre la mejora del rendimiento organizacional, de cómo generar una cultura de empresa cuyo norte fuese la EXCELENCIA EMPRESARIAL.
Con cuanta facilidad y creo que inconscientemente, cerraba puertas y ventanas, a lo largo de la conversación. A cada propuesta de mejora, respondía con un “pero”.
Me gusta abrir ventanas, que entre la luz en los despachos. ¡No hay nada más saludable para la buena gestión de las empresas!
Se jactaba de viajar mucho, de mirar por las ventanas de los aviones, de conocer otros países. Admiraba los sistemas innovadores de gestión empresarial de países como: Alemania, Holanda, Japón, etc. Me comentaba, muy orgulloso de sus experiencias viajeras, que en estos países la creatividad empresarial es un concepto asumido. Las ventanas de los aviones, desde mi humilde punto de vista, nos hace perder la perspectiva de nuestra realidad. A cada pensamiento conformista, abramos una ventana a la iniciativa propia, a la responsabilidad personal y profesional que todos debemos ejercer. ¡Abramos ventanas a la innovación organizacional, a la utilización de todo tipo de herramientas que nos ayuden a mejorar nuestra eficacia profesional.
¿Cómo puede ser, que con tanta luz, con tanta claridad, en esta provincia de Almería, se cierren tantas ventanas y puertas a aquellos que creemos y apostamos por la innovación en la organización del trabajo, para ser más competitivos y eficientes en los mercados internacionales?
Es lamentable que profesionales jóvenes, que viajan y hablan varios idiomas, tengan una actitud apática y de precaución ante cualquier posibilidad de cambio estratégico, aunque sea para mejor.
Se conforman con ser buenos profesionales y no les interesa ser EXCELENTES. Ralentizan su evolución profesional, cerrando muchas ventanas, perjudicando enormemente la generación de ventaja competitiva.
- Ahora, no es el momento- me decía este director de recursos humanos. Y yo le insistía, que ahora es cuando hay que utilizar todas las herramientas, que se ha demostrado funcionan en empresas excelentes. A cada ventana que me cerraba yo abría otra con mejores vistas, para intentar transformar su actitud miedosa.
¡Cuánto nos gusta abrir una ventana para deleitarnos y ver innovaciones tecnológicas! Y qué pronto la cerramos ante cualquier innovación de las ciencias del trabajo. La sociedad del conocimiento requiere de mentes abiertas que sepan valorar y se atrevan a poner en marcha mecanismos para la optimización de la gestión de personas en la empresa.
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