
Este fenómeno globalizador ha golpeado a todos por igual y ha provocado un gran desconcierto en la mayoría de los actores políticos y económicos. Son los dirigentes de los Estados Nacionales, como representantes de los ciudadanos, aquellos que deben procurar un espacio propio dentro del actual sistema que atropella a las individualidades a través de la estandarización de hábitos y costumbres, imponiendo la idea de una aldea virtual. Históricamente, los Estados se encargan de administrar los ingresos producidos a través de la actividad económica de los privados, a los que, o bien se los insta a radicarse en determinadas regiones, o se protegen determinadas actividades a través de políticas de subsidio. Durante la década de los 80 fueron muchos los Estados Municipales de Estados Unidos que promovieron la radicación, en sus territorios, de emprendimientos relacionados con el conocimiento. En la actualidad, en plena globalización, los directivos de las organizaciones se están enfrentando a situaciones que han tirado por la borda a las suposiciones con las que se trabajaba y al tener que enfrentar las incertidumbres propias del actual sistema, hacen agua y corren el riesgo de hundirse. En la mayoría de los casos la situación actual es consecuencia de una prolongada quietud, lo que, sin duda, dificulta la posible adaptación y el costo, humano, político y económico, para lograrlo es mucho mayor. Los descabellados endeudamientos de algunos países emergentes son una muestra clara de una total indefinición de sus dirigentes sobre cuál es su rol frente a la actual crisis global. Generalmente adoptan la posición de "dejar hacer", con lo que el endeudamiento sólo sirve para consolidar el estado vegetativo. Si, por el contrario, adoptaran la posición de meterse en el terreno competitivo, deberían repensar las actividades que resultarían convenientes impulsar en el sector privado para poder generar los ingresos genuinos necesarios para cumplir con sus objetivos y, además, pagar las deudas. Sin duda, esta segunda alternativa es la que considero una posición lógica, pero sobre todo; adulta. Peter Drucker sostiene: "The management fashions are a wonderful substitute for thinking... Each evangelist is quite sure that his own patent medicine cures everything..." (Las modas gerenciales son fantásticas sustitutas del pensamiento. Cada predicador está convencido que su medicina cura todos los males). Frente a esta disyuntiva, cabe preguntarse cómo se puede lograr que los Estados adopten una actitud "empresaria" adulta. La respuesta es sencilla: refundando a los Estados. Decirlo es simple, pero hacerlo es muy complicado. Es aquí donde los Estados Municipales cumplen un papel fundamental para el futuro de los Estados Provinciales y Nacionales. Cada Municipio, debe, partiendo de sus recursos genuinos, planificar su posicionamiento económico en el contexto general. Para esto último se debe tener en cuenta:
En el actual contexto globalizado no hay cabida para posiciones ambiguas. O se actúa en el sistema o se asume una posición de aislamiento. Claro está que para adoptar esta última, los Estados deben contar con la posibilidad de autosustentarse, es decir: debió existir una planificación previa que se llevó a cabo con el suficiente éxito, como para "poder rechazar" a la actual economía de red. El aislamiento tiene su precio y quien lo adopte debe tener con qué pagarlo. Es aquí donde aparece un nuevo marco para las relaciones de los Estados nacionales industrializados, los organismos de crédito internacionales y los Estados emergentes. Todos ellos se enfrentan ante una nueva realidad contextual que insta a adoptar medidas adaptativas, incluso, hasta el de un replanteo de sus objetivos históricos. Ya nada es igual. Cada uno deberá ceder intereses individuales en beneficio del conjunto, de lo contrario no se construirá una nueva relación, sino que se terminará reforzando las actuales posiciones y se continuarán utilizando los mismos procesos que están provocando el estancamiento de las economías emergentes. Nélson Mandela a principios de los '90, durante una visita al Congreso Norteamericano, opinó que Estados Unidos debía liderar una acción tendiente a "barajar y dar de nuevo", para crear un nuevo ordenamiento económico mundial. Posiblemente, tarde o temprano, esto termine sucediendo, pero en el mientras tanto, los Estados, sobre todo los emergentes, deben adoptar una clara definición de su política económica tendiente a lograr el bienestar de sus ciudadanos. Es más viable que uno pueda cambiar, que esperar que cambie el contexto. Hablar de refundar una Organización cualquiera lleva implícita una decisión que debe estar avalada por un poder político inequívoco, ya que se modificarán usos y costumbres arraigadas y se atentará contra intereses sectoriales (empleados, proveedores, clientes, subcontratistas, asesores). Todos, aunque convencidos de la necesidad, incluso imperiosa, pretenderán que el cambio pase por los otros y no por ellos.
Para lograr impulsar una adaptación del Estado Nacional es necesario comenzar por los Municipios, ya que la dispersión aplastaría a los intentos. Es necesario que el cambio se dé desde abajo hacia arriba. Desde los Municipios hacia las Provincias y desde éstas; hacia la Nación. En la práctica, esta descentralización provocaría el achicamiento de la actual estructura estatal y hasta una posible migración interna desde los grandes centros urbanos al interior del país. Esta decisión a adoptar una actitud de cambio tiene que ser emprendida y mantenida en el tiempo por el Intendente, que debe estar preparado para sufrir todo tipo de boicots a sus planes, ya que serán muchos los que considerarán que los cambios corresponderían encararlos en otras reparticiones u organismos. La reingeniería de procesos, tiene la particularidad de olvidarse del pasado y acomodar a la organización al tiempo que se vive. Justamente ha surgido como una respuesta a la necesidad de las organizaciones de aggiornarse a la era de la economía global. Los Municipios deberían lograr que su territorio resulte el elegido por los emprendedores, tanto nacionales como internacionales, para radicar sus actividades, para ello aparece un nuevo componente dentro de la política: la competencia. Los funcionarios de un Municipio deben estar preparados para competir con los de otros Municipios, sin olvidar que competir significa contender para el logro de similares objetivos. Como sucede en toda competencia, habrá algunos Municipios que logren una posición mucho más ventajosa que otros, todo dependerá del nivel de preparación (aptitud) de sus funcionarios. Cabe destacar que para esta competencia no alcanzan los discursos proselitistas, se necesitan planes de negocios concretos. Con esta actitud, los Municipios lograrán que la actividad económica de su región se incremente y se expanda. Incluso, deberían ser los Municipios los que proveyeran los futuros dirigentes de los planos superiores: Provincias y Nación, ya que tendrían el entrenamiento necesario para actuar como empresarios públicos, promoviendo la actividad económica del sector privado, que en definitiva provee los ingresos al Estado para que éste pueda administrarlos y cumplir con sus objetivos. Sin una región autosuficiente económicamente, los dirigentes de los Municipios, de las Provincias y los de la Nación, se convertirán irremediablemente en administradores de la miseria, fomentando marginalidad, corrupción, pobreza, delincuencia y analfabetismo, y abandonando su gestión en manos de organizaciones no gubernamentales que van demostrando que es posible hacer más de lo que se hace. En la medida que esto sucede, los dirigentes políticos van perdiendo terreno dentro de la sociedad, generando en ella la idea de prescindibilidad que encierra el enorme peligro de desintegración social, con el que, luego, se haría imposible encarar todo tipo de política adaptativa.
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