Gerencia y Negocios   Acerca de | Mapa del site | Recomiéndenos | Hacer página de inicio |
en HispanoAmérica   BARRA DE HERRAMIENTAS deGerencia | Escuelas de Negocios
SUSCRIBASE
 
Google
 
Reciba el boletín deGerencia.com









EN deGerencia.com
Mapa del site
Temas
Países
Artículos
   recientes | populares
Actualidad
   noticias | populares
Ideas
   recientes | populares
Colaboradores
   recientes | populares
Enlaces
   recientes | populares
Libros
   recientes | populares
Bolsa de Empleos
Tienda deGerencia
Glosario
Boletines
Encuestas
Eventos
Contáctenos
Encuesta
¿Cual es el principal problema que enfrentan las empresas en América Latina?
Crisis Energética
Falta de inversión privada
Falta de inversión pública
Falta de inversión extranjera
Tipo de cambio
Control de Precios
Falta de seguridad jurídica
Conflictos laborales
Inflación
Falta de planificación
Otro

Mas encuestas...

Votos: 12870

ALIADOS

Libros de gerencia

Todo sobre el MBA

Consultores gerenciales

Venezuela de la A a la Z





 
La inteligencia gestual
AUTOR: Juan Carlos Díez Posada TEMA: Inteligencia en los negocios
Avisos deGerencia
GUARDE ESTE ARTICULO EN...
Negociame
Google bookmark
Del.icio.us
Meneame
reddit
Yahoo!
Digg
Blinklist
Furl
OPCIONES
Imprimir artículo
Enviar a un amigo
Comentar artículo
Leer comentarios
Contactar a Juan Carlos Díez Posada
MAS INFORMACION
Artículos relacionados
Más sobre: Inteligencia en los negocios
Perfil de: Juan Carlos Díez Posada
Otros artículos del autor
Relojes Casio Para Dama Ldf10 Alarma Vibratoria Ma8
$ 380.00
Reloj Fashion De Led En Codigo Binario Firefly Original
$ 999.00
Reloj De Lujo Con Bisel En Contorno De Virgencita Checalo
$ 140.00
Miles de articulos mas...
"Sea agradable hasta las 10 de la mañana y el resto del día se cuidará por sí solo" - Elbert Hubbard.

Es toda una delicia sentarse a ver una entrevista de James Lipton con cualquiera de sus aclamadísimos actores invitados en el programa Desde el Actor’s Studio, del canal Film&Arts. Durante los últimos nueve meses, y sin proponérmelo, he tenido la fortuna de sintonizar tres veces las pequeñas, grandes y siempre cautivantes historias de uno de los “monstruos de la pantalla grande”, uno de mis talentos favoritos: Al Pacino.

Observar y escuchar con toda atención a un personaje de esta categoría no deja sino enseñanzas. A estas alturas, más o menos incluido en aquello que se conoce como la tercera edad (yo diría que en la gloriosa vejentud), Pacino deslumbra con su gracia, con su naturalidad y con su personalidad. El papel de haber vuelto a ser él mismo es, sin lugar a dudas, el que mejor le sienta (junto con el de El abogado del diablo) y, según sus propias palabras, ese formidable retorno a la sencillez ha sido uno de sus mayores logros.

Hablaba Pacino de la autoconciencia, una palabra técnica muy usada en sicología, en artes escénicas y en algunos procesos de capacitación empresarial. La autoconciencia, a la cual aludí brevemente en uno de mis artículos anteriores, no es otra cosa que el eco de lo que creemos que los demás perciben en nosotros, en nuestra manera de ser y de actuar. Queremos obtener apoyo, queremos seducir, queremos actuar convincentemente y, por tanto, elevamos nuestra sensibilidad sobre el parecer ajeno. Cuando nos sentimos observados, cuando somos el centro de la atención y los comentarios, es común que al mismo tiempo nos sintamos amenazados, juzgados o malinterpretados. En estas circunstancias se dice que estamos cargados de autoconciencia negativa, y ya podrán imaginar los gerentes lo que esto representa para el ejercicio de sus cargos.

Pacino relataba cómo, en sus comienzos con Lee Strasberg, maestro y mentor de grandes estrellas del teatro y el cine, sus mecanismos autoconscientes le ayudaron a conocerse mejor a sí mismo y a desarrollar sus habilidades artísticas, pero no a convertirse en un actor sobresaliente. Mucho después comprendió que las técnicas y el propósito de ser uno con el personaje eran aspectos provisionales que cumplían la misma función de las pequeñas ruedas laterales en las bicicletas de los chicos. Aquel esmero en verse de determinada forma era el cálculo, la técnica, pero no la maestría.

El estudio de la autoconciencia en las relaciones humanas en general y en el mundo laboral en particular, entre otros aspectos, facilita enormemente el diagnóstico que nos permitirá saber por qué un entorno de trabajo cualquiera es o no altamente productivo y gratificante. Existe la tendencia a buscar razones complejas para explicar la falta de afinidad y entendimiento entre un jefe y sus subordinados, de un asesor de servicio con sus clientes o las incompatibilidades entre un departamento y otro, cuando el fondo del asunto, en muchas ocasiones, no revela más que una raquítica y mal promovida cultura de la buena comunicación persona a persona.

Medir la calidad de nuestras respuestas emocionales, físicas y gestuales a los comportamientos, estilos de trabajo y juicios reales o imaginarios de quienes nos rodean, tratar de interpretar mejor las señales externas, proyectar una imagen motivadora y aprender a ser perceptivos-no reactivos es una tarea que compromete, en primera instancia, a los directivos y a quienes deseen alcanzar un nivel de liderazgo altamente efectivo. Como acabo de señalar, los roces y las desavenencias se acrecientan por el simple hecho de que olvidamos con frecuencia que no somos meros portadores de mensajes, sino que somos el mensaje en sí.

Para iniciar el proceso de educarnos en estas habilidades, debemos comenzar por ocuparnos de lo primero que se percibe: nuestra apariencia y nuestro lenguaje corporal. La postura, la gestualidad y el contacto visual que establecemos con nuestros semejantes determinan en gran medida el grado de aceptación y adhesión que pretendemos obtener de ellos. ¿Por qué ciertas personas nos atraen a primera vista? ¿Por qué otras nos resultan indiferentes, o nos previenen, o nos intimidan? Más allá de las relatividades inherentes a estos interrogantes, o de lo muy circunstanciales que puedan parecer, resulta claro que algunas personas se esmeran mucho más que otras en cultivar una imagen gestual inteligente y sensible con respecto a su entorno.

Aquel que es capaz de “vestir” su humanidad, su corporeidad, con gestos positivos y estimulantes sin duda ha entendido que el don de gentes, el carisma, no es simplemente un obsequio de natura. Nos construimos a base de esfuerzo y experiencia, nos adaptamos, nos hacemos asequibles y aprendemos a ser gratos a los ojos de los demás mediante la conciencia del yo que proyectamos y mediante la interpretación de las percepciones sobre los otros. La maestría se consigue con la madurez, cuando esa búsqueda deliberada y consciente de ser más aptos y mejores fluya con elegancia, con naturalidad.

Ninguna corriente, ninguna escuela administrativa o sicológica podrá desestimar nunca la importancia de comenzar por analizar estas nociones intra e interpersonales, aparentemente elementales. Por el contrario, en los últimos diez años, la PNL y la Inteligencia Emocional han suscitado un renovado interés por conocer los mecanismos más sutiles de la conducta humana, expresados en un lenguaje que no miente: el de la gestualidad. La convivencia fructífera y armónica con los otros es un aprendizaje que merece toda nuestra atención, pues de ella dependen, en gran medida, nuestros éxitos y nuestros fracasos.

Se me viene a la memoria un encuentro más o menos reciente con un grupo de personalidades de la política y la jurisprudencia colombianas luego de la presentación de un libro biográfico, escrito por el sobrino-nieto del connotado personaje. Estábamos en el primer piso de una antigua casa de estilo inglés, en los linderos del centro de Bogotá. Mientras conversaba con el director de la casa de ceremonias, se nos acercó un hombre de apariencia impecable, alto y bien parecido, un personaje que reconocí casi de inmediato. Era un afamado actor de radio y televisión, un humorista, para más señas. En cosa de minutos acaparó la conversación, elevó el tono de su voz, abrió desmesuradamente la boca y acercó tanto su rostro al mío que hasta podía sentir las gotitas de saliva golpeándome en la cara.

Nada más mortificante que aquello. Intenté, desde luego, evadir la enojosa situación de la manera más apropiada, es decir, enviándole toda clase de señales físicas y gestuales al sujeto, señales que aquel irrefrenable lenguaraz no quiso o no supo interpretar. Quería sentirse importante a como diera lugar.

Debí soportar aquella ridícula exhibición de egocentrismo exacerbado y de nula capacidad de autoconciencia durante unos diez minutos, los cuales, por supuesto, se me hicieron eternos. Semejante pesadez por poco me mueve a reaccionar de una forma brusca. El hombrecillo de la televisión era, vaya sorpresa, un completo maleducado, o mejor, un “retrasado” gestual.

Traspongamos una situación semejante a esta a la rutina diaria, al trabajo. Si compartimos el día a día con personas de escasa inteligencia gestual y emocional, las rencillas y malquerencias proliferarán y terminarán por estropear el ambiente de trabajo. Convertirnos en mejores lectores y actores gestuales debe ser un propósito personal y corporativo, una materia de estudio integrada a los planes de formación en el desarrollo de una cultura comunicativa y organizacional práctica y vigorosa, capaz de sumar muchos puntos a la calidad de la convivencia laboral y al sentido de pertenencia.

Información Legal

Este artículo es Copyright de su autor(a). El autor(a) es responsable por el contenido y las opiniones expresadas, así como de la legitimidad de su autoría.

El contenido puede ser incluido en publicaciones o webs con fines informativos y educativos (pero no comerciales), si se respetan las siguientes condiciones:

  1) se publique tal como está, sin alteraciones
  2) se haga referencia al autor (Juan Carlos Díez Posada)
  3) se haga referencia a la fuente (degerencia.com)
  4) se provea un enlace al artículo original (http://www.degerencia.com/articulo/la_inteligencia_gestual)
  5) se provea un enlace a los datos del autor (http://www.degerencia.com/juandiez)
Artículos del Autor
Allá tú (o la pequeña historia de una gran decepción)
De la atención a la satisfacción del cliente
El día de la verdad (I)
El inmenso valor de cinco minutos
La competencia oratoria y el éxito del ejecutivo
La muerte de cierta cortesía
Viaje al fondo de una empresa altamente exitosa (I)
Viaje al fondo de una empresa altamente exitosa (II)
¿El cliente siempre tiene la razón? (I)
¿Más gerente que la gerente…?
Artículos Relacionados
Diferentes tipos de inteligencia
Inteligencia Humana
La inteligencia y su uso en la empresa
Más allá del conocimiento, la intuición
Enviar el artículo a un@ amig@
Utilice este formulario para enviar un artículo a hasta tres personas. La(s) persona(s) que usted indiquen recibirán un correo electrónico invitándolos a leerlo. Los campos marcados con * son obligatorios.
Su nombre: *
Su e-mail: *
Persona 1: Nombre *
E-mail *
Persona 2: Nombre
E-mail
Persona 3: Nombre
E-mail
Su mensaje: *
Comente este artículo
Utilice este formulario para agregar su comentario sobre este artículo, el tema que trata o el autor. Todos los comentarios son revisados, para evitar aquellos inapropiados. De ser aprobado, su mensaje aparecerá abajo en un máximo de 48 horas. Por favor introduzca su comentario una sola vez. Los campos marcados con * son obligatorios.
Su nombre: *
Nos visita de: *
Su e-mail: *
Sus datos: *
Su comentario: *
Introduzca el siguiente codigo: This is a captcha-picture. It is used to prevent mass-access by robots. (see: www.captcha.net) *
Comentarios sobre el artículo
DR. DERVY JIMÉNEZ SILVA. Perú18 de febrero de 2008
EXCELENTE.
   
  
Negocios con China - Desarrollo Personal - PYME - Marketing - Empresas familiares - Gerencia del Cambio - Economia - Inteligencia Emocional - Franquicias - Carrera y Empleo - Educacion Gerencial - Manejo del estrés - Coaching - Administracion del tiempo - Comercio Exterior


Contáctenos AQUI
Copyright 2001-2008 por Meltom Technologies