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“Sin comunicación no hay negociación…. en un fuerte desacuerdo, las partes pueden estar mas dispuestas para la batalla que para encontrar, juntas, la solución a un problema común...” - Fisher-Ury
En un trabajo anterior se planteó que, la “tecnología de la negociación cara-cara”, tiene tres componentes: (poner link con http://www.degerencia.com/articulos.php?artid=992) uno, las etapas en que se desarrolla el proceso y se definen las tareas principales que deben ejecutarse; dos, las tácticas, para manejar situaciones típicas del intercambio como: la presentación de expectativas, verificar las percepciones, explorar opciones alternativas, manejar impasses y conflictos, entre otras; tercero, el proceso y las técnicas de las comunicaciones interpersonales. En trabajos anteriores se comentaron las dos primeras, en este, se comentarán los aspectos principales del proceso y las técnicas de comunicación. El proceso de comunicación. Principios y leyes principales. Los tres elementos principales que intervienen en una comunicación son: el emisor, el mensaje y el receptor. El emisor, para lograr sus propósitos (informar, indagar, persuadir), debe adecuar su lenguaje (“codificar”, dicen los especialistas) a las posibilidades e intereses del receptor. El mensaje, para ser efectivo, debe presentar la información en forma ordenada, clara y atractiva. El objetivo de esto es evitar la dispersión, propiciar su comprensión y captar la atención del receptor. El receptor debe estar “en sintonía” con el emisor, es decir, prestarle atención y escucharlo con empatía. En todo este proceso se pueden presentar, lo que los especialistas denominan “Barreras o ruidos”, que pueden originarse en: el emisor, el mensaje, el receptor, o en el ambiente en que se produce la comunicación. Para verificar si el mensaje fue comprendido adecuadamente el receptor puede darle al emisor, o este solicitárselo, una retroalimentación, donde resume o reformula lo que entendió. En el ejército, la retroalimentación puede ser parte consustancial de la comunicación. El superior, para verificar la comprensión de la orden, le pide al subordinado que le repita el mensaje. En la actividad civil, este tipo de solicitud puede resultar incómoda. Para evitar esto, el emisor debe solicitar la retroalimentación de manera que ponga en duda su capacidad para transmitir sus ideas, y no la del receptor para comprender el mensaje. En lugar de decir “Por favor, ¿me puede decir lo que entendió?, es preferible “No estoy seguro de haberle expresado lo que quería, ¿me puede resumir lo que le dije?”. Entre los “principios y leyes de las comunicaciones interpersonales”, las que presentan más interés, para los intercambios en una negociación cara-cara, pueden resumirse en lo siguiente:
Otros principios que plantean los comunicólogos son:
De los procesos que tienen lugar en una comunicación interpersonal, los cuatro que presentan un interés especial en la negociación cara-cara son: la transmisión, las preguntas, la escucha y el llamado “lenguaje gestual”. La transmisión efectiva. Para lograr efectividad en la transmisión de un mensaje se recomiendan los siguientes comportamientos. 1ero.Precise bien sus objetivos.
Un mensaje bien formulado, transmitido en un momento inorportuno, pierde toda su efectividad. Espere el momento adecuado para decir lo que piensa. 2do.Planifique: Tenga en cuenta:
Es inadmisible decir “Se lo dije a Fulano, pero es un ignorante”. Si usted piensa que el receptor puede tener dificultades para comprenderlo, adapte sus expresiones a lo que pueda entender “el ignorante”. Recuerde el primer principio de una comunicación efectiva, que lo importante no es lo que usted diga, sino lo que entienda el receptor. 3ero.En la ejecución:
Los especialistas en comunicación han identificado los tipos de mensajes que facilitan la comunicación y aquellos que la dificultan y son generadores potenciales de conflictos. Strayhorn en “Cómo dialogar de forma constructiva”, plantea, entre los mensajes que facilitan la comunicación, los siguientes:
Entre los mensajes que obstruyen las comunicaciones y son potenciales generadores de conflicto Strayhorn destaca los siguientes:
Sobre la orientación de sus mensajes, tenga presente las estrategias que recomiendan Fisher y Ury, en su “Modelo de la Negociación Basada en Principios”.
Para enfrentar los problemas de comunicación en una negociación, Fisher-Ury recomiendan:
La utilización de preguntas. Las preguntas juegan un papel muy importante en cualquier comunicación interpersonal. Además de permitirnos verificar informaciones que tenemos y obtener otras nuevas, puede transmitir un mensaje afectivo, hacerle sentir al receptor que tenemos interés en conocer sus criterios y que valoramos lo que piensa. Es la base del método socrático de enseñanza-aprendizaje, se utilizan para promover la reflexión y la búsqueda del conocimiento. Tres citas sobre el tema que resultan interesantes:
La pregunta frecuente es un método que practican muchos líderes. García Márquez, en el artículo “El Fidel que yo conozco” relata que, en sus intercambios con el líder cubano, o en conversaciones con otras personas en las que “El Gabo” participaba como invitado, Fidel preguntaba mucho, “esto le permitía verificar información que ya tenía, recibir nuevas informaciones así como valorar el dominio que podía tener su interlocutor sobre los problemas que se discutían”. En la investigación de Rackham sobre el comportamiento de los “negociadores expertos” se reveló que estos hacen dos y tres veces más preguntas que los “negociadores promedio”. Además, cuando las van a hacer las anuncian y piden permiso, “¿Puedo hacerle una pregunta sobre los precios de sus productos en el mercado X?. Muchas veces, ya tienen información sobre las posibles respuestas, la pregunta les permite verificar sus percepciones, así como la información y las intenciones de su interlocutor. Nierenberg es el autor que le presta más atención a este tema. En “El Negociador Completo” (1998) le dedica un capítulo que titula “La utilización de preguntas”. Plantea que “La utilización de preguntas es una poderosa herramienta de negociación y debe emplearse con discreción y discernimiento”. Considera que las preguntas, en una negociación, pueden cumplir cinco funciones básicas:
Consecuente con esto, Nierenberg sugiere que los negociadores preparen una serie de preguntas que puedan manejar en el curso de una negociación. “Tener una reserva de preguntas funcionales dispuestas en cualquier momento, le permitirá dirigir el curso de la conversación de cualquier modo que desee. Además, le ayudarán a conducir su propia estrategia”, propone este especialista. Además, sugiere una secuencia en el uso de las preguntas. Al comienzo de una larga negociación, hacer preguntas que despierten la atención; luego, algunas para obtener información; después, preguntas que hagan pensar; finalmente, preguntas que lleven a una conclusión. También destaca la importancia de formular las preguntas en forma adecuada, para lo cual presenta un ejemplo interesante. Un miembro del clero pregunta a su superior “¿Puedo fumar mientras rezo?”, la respuesta fue enfática “No. Esta prohibido”. En otro momento posterior, le preguntó al mismo superior, “¿Puedo rezar mientras fumo?”, la respuesta fue afirmativa. Las diferentes respuestas dependieron de las preguntas, no de las situaciones, que eran las mismas. En el primer caso, le prohibieron fumar; en el segundo, lo autorizaron a rezar. No obstante, las preguntas pueden generar ansiedad en el interlocutor. Podría pensar, “¿Por qué me pregunta esto? ¿Qué querrá saber? ¿Qué se traerá entre manos?”. También pueden llevar implícita una crítica. Cuando un empleado llega tarde y se le pregunta “¿Sabe qué hora es?, está claro que usted no quiere conocer la hora, sino exigir una disciplina. Un modo diferente sería preguntarle “¿Tiene usted algún problema que le haga llegar tarde y en el que pueda ayudarlo?”. Para evitar estas situaciones, que pueden ser contraproducentes, se recomienda: evitar preguntas que lleven implícitas dudas o criticas a su interlocutor, el uso adecuado del tono de voz y el lenguaje gestual, formularlas en el momento oportuno, y que sirvan para clarificar algo y no para obtener ventajas sobre su enemigo. Chiavenato, como una herramienta para el coaching, propone los siguientes tipos de preguntas, que también son válidas para el intercambio en una negociación cara-cara.
Saber escuchar, para convencer e influir. La importancia de saber escuchar se destaca en los enfoques gerenciales recientes mas difundidos. Goleman la considera como una de las aptitudes de la inteligencia emocional. Señala que los que la poseen:
En sus investigaciones, un ejecutivo de ventas le dijo: “Cuando estás desesperado por hacer una venta, no escuchas con la misma atención. En cuestión de ventas no hay nada mejor que, cuando alguien objeta algo, poder decirle “Tiene usted toda la razón, deberíamos tenerlo en cuenta”. Si puedes escuchar y empatizar con su punto de vista, todo sale mucho mejor”. Covey la incluye entre los “Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”. La presenta en el “hábito” que titula “Procure primero comprender, y después ser comprendido”. Entre otras cosas, señala que muy pocos nos situamos en lo que considera la forma más elevada de escuchar “la escucha empática”, que define como “escuchar con la intención de comprender”, lo que implica:
Los problemas al escuchar, junto con los malos entendidos y la transmisión sin preocuparse por ser comprendido, Fisher y Ury los consideran uno de los “tres grandes problemas de comunicación en una negociación”. Lo caracterizan en la forma siguiente. “En una negociación, puede suceder que usted esté tan preocupado pensando en lo próximo que va a decir, en cómo va a responder a ese último punto, o en la manera de expresar su próxima argumentación, que se le olvide escuchar lo que la otra parte está diciendo…. La necesidad de escuchar es evidente, sin embargo, es difícil escuchar bien, sobretodo bajo la presión de una negociación”. Entre los beneficios de saber escuchar, Robertson, un especialista en el tema, señala los siguientes:
“Oir no es lo mismo que escuchar, que es comprender deseos, sentimientos y emociones. Se oye con los oídos, pero se escucha con la mente”, plantea Robertson. En la bibliografía sobre las comunicaciones interpersonales se proponen diferentes técnicas para desarrollar la habilidad de “saber escuchar”, la “escucha activa”, o la “escucha empática”, como le llamen indistintamente. Entre los comportamientos y técnicas principales, se destacan los siguientes:
El lenguaje gestual en la negociación cara-cara. Según la investigación de Mehrabian, que citan los textos de administración cuando tratan este tema, de lo que se comunica sólo el 7% es oral (es decir la palabra, lo que se dice); el 38% está en el tono de voz (cómo se dice); y el 55% a través de los gestos. Por tanto, hay que saber “escuchar”: las palabras, el tono de voz y el lenguaje corporal, concluyen los especialistas. En un estudio realizado por Trade Partners UK, una organización gubernamental que provee servicios a empresas británicas que comercian con el extranjero, se reveló que, hasta el 94% de la comunicación, se produce mediante lenguaje corporal. Plantean que, una buena postura, contacto visual, sonrisas genuinas y asentimientos sinceros, pueden hacer mucho por cimentar un acuerdo o desarrollar una relación. “Las personas de negocios tienen que ser especialmente analíticas respecto a su lenguaje corporal y las señales que emiten. Tienen que controlarse, pero sin ser mecánicos. Tienen que ser claros, precisos, pero también naturales. Suficientemente expresivos, para hacerle parecer animado e interesado en lo que dicen las personas", concluyen. Según Robertson, la cara es el primer lugar donde se reflejan los sentimientos, destacando que las tres principales áreas que se alteran son: las cejas, los ojos, y la parte inferior del rostro. Plantea que, para obtener una lectura precisa de las expresiones faciales, deben observarse los rasgos distintivos de estas tres áreas. Por eso, se recomienda que la comunicación más efectiva se produce cuando se mira directamente el rostro de nuestro interlocutor. “Cuando exista alguna incongruencia entre lo que le dicen y las expresiones del que lo dice, préstele más atención a las segundas que a la primera”, recomienda. Willingham, en “Escúchame. Soy tu cliente”, (1996) plantea que, una de las habilidades principales de un buen vendedor, es “saber escuchar los gestos de sus clientes”. Para esto, ha identificado dos tipos de gestos que pueden indicar la disposición de un cliente, los que llama “Gestos abiertos”, y los “Gestos cerrados”. Los “Gestos abiertos”, permiten identificar una disposición positiva, que se trata de una persona que confía en usted y que se siente cómoda en el intercambio. Entre estos gestos están: extiende los brazos al hablar, sonrisa y acercamiento, afirmación con la cabeza, muestra la palma de la mano al hablar, no se cubre la boca. Los “Gestos cerrados”, pueden expresar que la persona no se siente cómoda en el intercambio, que se está protegiendo, y que está evaluándolo a usted. Entre estos gestos señala los siguientes: cruzar los brazos; alejarse de usted (mantener distancia); desviar la mirada por encima de su hombro, en lugar de mirarlo directamente; abrazar el portafolio, contra su cuerpo; cubrirse la boca al hablar. Como antídoto, plantea que existe lo que denomina “psicología de la imitación”, que consiste en que las personas, de manera inconsciente, tienen tendencia a imitar el lenguaje corporal del interlocutor. Como demostración nos dice “bostece en una reunión y verá lo que sucede”. Consecuente con esto, si usted utiliza un “lenguaje corporal” abierto y positivo, propiciará que muchos de sus clientes imiten ese comportamiento. En el trabajo “El lenguaje corporal de los negociadores”, Joaquín Monzó identifica, entre otros, los siguientes comportamientos gestuales de los “negociadores competitivos”.
Entre los comportamientos de los “negociadores colaborativos” Monzó señala los siguientes:
Si se comparan algunos de los comportamientos que plantea Monzó, con los que se citaron de Willinghan, encontraremos coincidencias. Finalmente, Kennedy y Benson, en “Cómo negociar con éxito”, recomiendan los siguientes comportamientos en las negociaciones. Plantean que “debemos evitar”: interrumpir, atacar, acusar, ser “demasiado listos”, hablar excesivamente, dominar a gritos, los sarcasmos y las amenazas. Recomiendan que “debemos procurar”: escuchar con atención, pedir aclaraciones, resumir neutralmente los temas, pedir a la otra parte que justifique su postura “punto por punto” (para buscar señales), contrastar la firmeza de sus posiciones (averiguar sus prioridades), y obtener y dar información. (prestar atención a las señales involuntarias). Resumen y conclusiones. Un resumen de las cuestiones a las que debe prestarse más atención, para lograr una comunicación efectiva, es lo que llamo “10 Mandamientos para una comunicación efectiva”, que son los siguientes.
Nota. Para ampliar información sobre las técnicas de comunicación pueden consultarse los siguientes trabajos.
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