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La calidad de vida en nuestro país ha caído dramáticamente en los últimos veinte años. En vez de movilidad social, tenemos un sistema que produce excluidos y mayor pobreza cada día. Ante esta realidad estamos en la obligación de procurar un Estado Social donde sean compatibles la libertad de mercado con la democracia política y la seguridad social.
Debemos reconstruir un país que brinde seguridad y protección básicas a la gente y sus familias en el presente y futuro cercano. Una inmensa mayoría solicita, no un regreso al pasado sino un Estado que otorgue esas seguridades mínimas. Para ello requerimos voluntad política que permita realizar reformas decisivas y también el compromiso personal de todos los ciudadanos; lo que debe expresarse en un diálogo social como vía y como método para el procesamiento de los diferentes intereses sociales; para alcanzar un nuevo contrato social sobre cómo construir ese Estado que demandan los ciudadanos (1). LAS INSTITUCIONES El diálogo social debe fortalecer la institucionalidad. Cada Poder debe ser realmente independiente; con planes, recursos y presupuestos propios sin más limitaciones que aquellas que de manera expresa les impongan La Constitución y Las Leyes. Deben tener la obligación de presentar cuentas periódicamente al País, y éste contar con vías y mecanismos explícitos para realizar ajustes o cambios según los resultados de la gestión de los responsables en los diversos poderes. Incluimos en este orden de ideas un Banco Central con independencia para diseñar y aplicar la política monetaria, y que asuma con sus propios criterios las responsabilidades que le asignen las leyes. LA ESCUELA El país debe volver a lo básico: el acceso a la escuela. Si aspiramos a mejores salarios para más gente, hay que agregar valor a la producción. La educación juega un papel preponderante para recomponer el contrato social. El país debe dedicar por lo menos el 7% de PIB a la educación. No para gastos administrativos o burocráticos, sino para que más niños y jóvenes alcancen una educación básica hasta noveno grado, de calidad; y que puedan continuar en la adquisición de un oficio o su formación en institutos superiores o universitarios; preparados para el trabajo, bien bajo dependencia o por cuenta propia. Si algún oficio hay que dignificar es el del maestro. Todos ellos y ellas son dignos, y merecen un mejor reconocimiento nuestro y de toda la sociedad. Debemos mejorar sus salarios y condiciones socio-económicas; y hacer que los jóvenes que se gradúan en la escuela secundaria quieran estudiar educación, para ser maestros. La Universidad Católica Andrés Bello, Fundación Polar, Fe y Alegría, y el Centro para la Reflexión y Planificación Educativa, en 1995 presentaron “Doce propuestas educativas para Venezuela”. Invitamos a iniciar el diálogo a partir de ellas (2). EL TRABAJO Empresarios y trabajadores deben llegar a acuerdos para hacer frente a esta realidad venezolana. Seguramente tendrán que hablar de una desregulación de las relaciones laborales que permita la supervivencia y crecimiento de las organizaciones empresariales reconociendo sus fines de lucro y que permita de igual manera, en unicidad de objetivos, la supervivencia y crecimiento de los trabajadores. Se debe evitar a toda costa el cierre de empresas y la precariedad del empleo. Por el contrario, se deben buscar altas tasas de crecimiento de la productividad laboral y la expansión del empleo formal y de calidad. Deben estar en esa mesa temas tales como modificación de los contratos individuales de trabajo, sistema integral de seguridad social, educación compensatoria para los trabajadores, empleabilidad, revisión de las convenciones colectivas para ajustarlas a las realidades económicas y de resultados de las empresas, distribución de utilidades. Con el fin de prepararnos para los escenarios que nos imaginamos todos, y de fortalecernos para el inicio del diálogo social sugerido, presentamos algunas ideas que pueden servir de reflexión. Retos de las empresas:
Retos de las personas:
Retos del país:
Notas:
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