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Olas de modernidad que nos invaden, huracanes de aire, a veces fresco y a veces fétido , a oleadas y según pituitarias.
Desde la elección de embriones hasta los derechos, indiscutibles e indiscutidos de ciertos colectivos, que los gozan desde hace mucho, a otros derechos más discutibles y discutidos del conjunto de ciudadanos, todos incluidos. Propaganda a manta, en grandes olas. Pero, a la cuestionada necesariedad, se une a veces hasta la obligatoriedad y desde luego la suficiencia. Y no, no es suficiente. Necesitamos olas de modernidad y de avance en muchos de los aspectos de la vida social y económica de este país. Necesitamos olas de modernidad en las comunicaciones, libertad y liberalización. En la información y en la difusión. Estar reprimiendo unos, concentrando otros y atacando a los medios no afines, retrocede, comprime y revienta los derechos de los ciudadanos. Necesitamos olas de modernidad en los conflictos sociales. Franco, el de las estatuas y de otras actuaciones, como no daba derechos individuales, los dio sociales y colectivos. Al llegar la modernidad, nadie se atrevió a tocar estos últimos, sin saber que nuestra colectividad no puede permitírselo, y si antes parecía “social”, ahora, lo que se dé a quien no tenga un estado grave de necesidad, dificulta los derechos de quien si están de verdad padeciendo y necesitando las ayudas que todos estamos dispuestos y solidarios a ofrecer. Necesitamos olas de modernidad en la situación fiscal y en la equidad impositiva. Somos el país del mundo con más impuestos. Sí, absolutamente. Cada trabajador, paga, o por su cuenta se paga, además de los impuestos directos, indirectos y mediopensionistas, de lo que le debería llegar a él, un 50% a un Estado supuestamente “buen administrador”, “como si de un pater familias se tratase”, una desorbitada cantidad que además se invierte sin tener en cuenta de donde sale y que la mayor parte se va por sucias alcantarillas de las actuaciones, cuando menos despilfarradoras de nuestros pésimos administradores. Las colas de hasta mas de 3 años en listas de esperas para intervenciones y un vistazo somero a las salas de urgencias de los hospitales, hacen un cuadro de lo que trato de transmitir. Necesitamos olas de modernidad en estructuras comerciales, bancarias, bursátiles, financieras, y en equidad fiscal sin complejos. El cheque sanitario y el escolar a quien no lo utiliza, es imprescindible para la credibilidad y la justeza, y para conseguir el contribuyente feliz y la hacienda amiga. Que no nos asalten las cuentas, y que las aseguradoras cumplan y que se pueda, con pruebas, llegar a donde sea por aclarar y acorralar a “quien la hace”, y que la pague. La credibilidad del sistema esta en juego, y las cortinas de humo no ocultan la sensación ciudadana de hastío, ni el tufillo a podrido que emite, intermitente pero continuado el ambiente. Llega la crisis y a donde no llegó la abundancia – a la amplia mayoría de la población- les vamos a contar que se acabo lo bueno. A reflexionar.
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