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La revolución industrial logró que los productos se fabricaran en serie.
Una vez satisfecha ésta necesidad, el problema fue cómo desplazar rápidamente la gran cantidad de productos que existían, es ahí donde surge la mercadotecnia. Una disciplina creada por necesidad como otras tantas, sin embargo de las etapas que pasaron entre la producción y el servir directamente al cliente la ciencia y la tecnología con su avasallador ritmo hizo que mercadólogos y empresarios olvidaran que el Rey es el consumidor. Las ventas son un intercambio de sensaciones y fibras íntimas y acaso la mercadotecnia no debe ser un lubricante para facilitar la compra? No estoy en contra de que la mercadotecnia incline sus baterías a los estudios de mercado, estadísticas, análisis de costo-beneficio etc. Lo que no debemos permitir es el exceso de numeralia por encima de sentimientos y experiencias humanas. Batman y Robin de la mercadotecnia –entiéndase- Trout y Ries insisten en que el posicionamiento no es una batalla entre productos sino una batalla entre sensaciones. Más claro ni el agua. El posicionamiento no se gana en las pantallas de tv, ni en portadas de revista o en anuncios espectaculares, el posicionamiento se gana en la mente del consumidor. Es ahí donde la mercadotecnia debería ser más incisiva, en la mente. No en el medio. Cuando usted compre un televisor para mirar los anuncios comerciales, o compre una revista para disfrutar los anuncios, o escuche la radio por el placer de deleitarse con un anuncio de detergente, usted y nosotros estaremos en un mundo de ficción La mercadotecnia no vende, las ventas no venden, quien compra es el consumidor. Preguntar al consumidor que experiencia obtuvo al emplear nuestro producto o servicio permite al empresario o al mercadólogo modificar las estrategias de comercialización, más allá de lo que digan las encuestas. La estadística es letra muerta ya que” cuando tengo los números en la mano” el mercado allá afuera sigue evolucionando. Eso no es lo peligroso para los mercadólogos sino lo esencial es lograr la fidelidad del consumidor a cierto producto o servicio. No lo que digan los estudios, que por lo regular resultan favorables porque fue el fabricante quien lo solicitó a una empresa especializada. Si usted contrata a una empresa para que salga a la calle y pregunte que opinan de usted, que le gustaría escuchar? Por que no avanzamos y realizamos encuestas a partir del consumidor hacia el mercado? La razón sería obvia, para el productor o fabricante su producto o servicio sería el mejor. Situación que me recuerda a la religión, todos los representantes de las diferentes religiones creen tener la verdad absoluta, el de enfrente es el equivocado. Mi admiración a S. Godin por su marketing del permiso. La mercadotecnia debería partir del hombre, no del producto. Mientras un jabón no proteste porque le acomodaron en el estante junto a su competidor, todo seguirá estando en manos de quien lo elija. El consumidor final. El rey. Es por ello que debemos recordar que la mercadotecnia es un híbrido entre la antropología social y la economía.¿Quién vive con usted, números o seres humanos? ¿Ha intentado venderle algo a un número?
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