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¿Sería temerario afirmar que un sistema de oferta comercial como el de las televentas ha colonizado el territorio de las propuestas y las creencias sobre la felicidad, la prosperidad, el éxito, la salud, el equilibrio emocional y otros tópicos relacionados con la motivación y la superación personal? Opino que no. Lo sucedido de tres años hacia acá con fenómenos como El Secreto y la “Ley de la Atracción” demuestra que muchas personas alrededor del mundo conservan intacta la ilusión de acceder, sin mayores complicaciones, a la combinación de una enorme caja de caudales —escondida por “líderes mezquinos” durante siglos— y a toda clase de promesas de bienaventuranza, poder y control sin límites. Ese síndrome de la marmita repleta de oro al final del arco iris persiste por dos razones fundamentales: una, porque la mayoría de las personas necesitan creer en algo —por disparatado que sea— y dos, por la perenne necesidad humana de alcanzar un estado de completa satisfacción, de triunfo descomunal y acabado. Eso explica, en parte, la masiva y vertiginosa asimilación de las recetas secretistas que, no obstante, comparadas con las que nos ofrecen autores como Anthony Robbins, Deepak Chopra, Stephen Covey, Dale Carnegie, Napoleón Hill y Wayne Dyer, entre otros renombrados autores, resultan siendo copias paupérrimas y caricaturescas de tesis y perspectivas motivacionales mucho más elaboradas y mejor sustentadas. El resto de la explicación corre por cuenta del poderoso factor mediático, capaz de convertir cualquier patraña o novelería en palabra de púlpito —vale destacar que El Secreto consiguió su espectacular ascenso gracias a la “manito” que le dio Oprah Winfrey en su fantástico show—, y de las mencionadas estrategias comerciales tipo televentas, cargadas de exageraciones grotescas y del famoso cliché publicitario del antes y el ¡después!: ¡¿usted todavía no es visible, no es rico, no es influyente, no es esbelto, no es deseado, no es multiorgásmico?! ¡Vamos, pero si es tan, pero tan fácil! Con el método de cuatro sencillos pasos de MagicDust (polvo mágico)… Que no se vayan a enterar Platón, Hesíodo y Tales de Mileto que a principios del siglo XXI aparecieron, juntos, los televisores de pantalla plana, los computadores portátiles, el mp3 y la clave para convertir al universo en un gran dispensador de bienes y servicios. ¿Es esta una percepción personal, una postura más o menos subjetiva en relación con las últimas tendencias relacionadas con la superación y el crecimiento personal? De ninguna manera. En la Internet —la misma herramienta que los magos utilizan para propagar sus secretos e “inéditos” hechizos— aparecen centenares de opiniones y decenas de artículos y ensayos que revelan uno a uno los múltiples artificios y ex abruptos de estas “escuelas motivacionales” elevadas a la categoría de culto o norma de vida. Para la muestra, le invito a leer el artículo de Marcelo Soto, titulado “Lo que hay detrás de El Secreto”. Y para completar este brevísimo análisis crítico sobre las obras — y las charlas o conferencias — de corte mágico-conductista, también invito a los lectores a leer detenidamente el siguiente cuestionario. Son veinte preguntas que los autores de Motivación sin Secretos han preparado con motivo del lanzamiento de esta obra en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, edición 2009. (Editorial Intermedio-Planeta):
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